El asesino perfecto
No sé si es casualidad o no, pero esta semana navideña me he acomodado dos días seguidos ante el televisor después de comer, hábito que no sigo ya que, en la jornada diaria no puedo gozar de tal privilegio, y en un canal autonómico han dado los dos días por la tarde, documentales sobre animales africanos, y casualmente, ambos centrados en el cocodrilo y sus diferentes especies. El último documental me llamó atención sobremanera. Hablaba sobre un cocodrilo gigante,que habitaba en aguas del lago Tanganica, Burundi, África.
No sé si me hubiese llamado la atención de la misma forma, pero como la jornada anterior había estado visionando el primer documentarl sobre cocodrilos, hizo que las historias contadas sobre el cocodrilo gigante tuviesen un primer vínculo de comparación y claro, se salía de la escala en mucho.
Por cierto, el cocodrilo tenía un nombre: Gustave.
Gustave es una hoy en día una especie de mito en los países que bordean las aguas del lago Tanganica. Y su fama no es precisamente buena. Todos le temen. Pues se trata de un asesino entre asesinos, el asesino perfecto: rápido, inteligente, fuerte y silencioso. Tan perfecta es su técnica que poseé el récord de haber devorado a casi 300 seres humanos en sus 60 años de vida (cálculo aproximado).
Los ataques llamaron la atención de un francés afincado en Burundi, Patrice Faye. Faye intentó, sin éxito, darle caza. Colaboraron con él un grupo de científicos expertos en cocodrilos del Nilo.
Durante los 3 meses que duró la batida, Gustav dió muestras de todo su repertorio: inteligencia y brutalidad. Murió una persona y se encontró en las inmediaciones de su lugar de descanso el cadáver de una vaca.
¿una vaca? Sí, pues Gustave es tan sumamente grande (10 metros y una tonelada) que la rápidez no es su fuerte. Los mamíferos más pequeños se le escapan y por eso prefiere presas más grandes: vacas, humanos, o incluso, hipopótamos. De hecho, se cre que es el único caso conocido de cocodrilo del Nilo que ataca y mata a un hipopótamo adulto. Normalmente, un cocodrilo adulto jamás osaría atacar a uno de estos descomunales animales.
Faye lo intentó todo. Construyó una jaula de hierro de más de 10 metros de longitud, que luego cubrían con sangre de vaca y trozos de carne frescos, y 3 trampas de otro tipo colocadas en lugares estratégicos. Gustave nunca picó en ninguna. Ese año,el 2002, Burundi estaba al borde de la guerra civil y el ejército informó que no podían garantizar la seguridad de los científicos. Estos, decidieron darle a Gustave una presa más considerable que las anteriores, una cabra viva. Colocaron una cámara de visión nocturna para filmar todo lo que pasaba durante la noche. Durante varíos días, la cámara mostró como una luz blanca, de un brillo terrorífico, se acercaba a la jaula para inspeccionar el lugar. Era el ojo de Gustave. Explorando el lugar. Pero nunca picó el anzuelo. En los últimos días, pasó algo extraño. La jaula se había desplazado e inclinado varios metros en el agua y la cabra había desaparecido. La cámara no registró nada de lo ocurrido.
Hoy en día nadie sabe si Gustave está vivo o muerto. Puede que los furtivos o el mismo Ejército hayan acabado con él.
Pero estamos hablando de un asesino perfecto. Un cocodrilo del Nilo que, como descubrió una doctora que colaboraba con Faye, tenía heridas de armas de fuego automáticas en su gruesa piel de dinosaurio. Heridas a las cuales el había sobrevivido. Había sido incluso ametrallado.
Naturaleza 1, Homo Sapiens Sapiens 0








Me fasinan los reptiles gigantes, seria de lujo tener mas historias como esta para sentir la emocion y la dicha de quienes han tenido el honor de vivir estas experiencias.