Cierto día estaba algo aburrido, por obligación. Sí, después de rebotar una máquina, esta empezó a chequear los discos y tardaba una barbaridad. Abrí el, outook con gesto cansado, robótico, inhumano, a ver que basura había entrado en mi buzón. Es cuando descubrí un simpático mail, que pretendía llevar la felicidad a mi puerta por un módico precio. Al menos, me quitó del sopor y aquí estoy escribiendo Voy a comentarlo por partes, pues esta obra magna del marketing requiere un estudio pormenorizado.
De: Johanna Pelletier
Asunto: Nosotros sabemos lo que quieren las...